jueves, enero 15, 2009

soliloquios

Recordando una noche en que M and me andábamos vuelteando mientras tomábamos cerveza y escuchábamos música, y de no ganas de ir a ningún lado seguimos así hasta que la visión doble nos lo permitió.

Que ganas de otra vez; las sensaciones de esa noche me llenan como una mezcla de libertè y la emoción de haber hecho algo que no debía, tanto más memorable, de haber hablado hasta por los pelos, de haber cantado hasta que me dolió la panza, y de haber tomado hasta quedar con la mandíbula invertida. Tan en paz esa noche sin los usuales mensajes sin sentido, sin momentos lacrimosos ni enojos reprimibles, sin opresiones de angustia naciente ni esfuerzos inútiles por ser sensata, cuando bien sé que tendría que pecar con un poco menos de sensatez y un tanto más de valentía.


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